El equipo de fútbol azteca comenzó con muy buen ambiente. Venció a Colombia, perdió con Francia y goleó a Guinea. Bulgaria los derrotó en semifinales y los privó de luchar por la medalla de oro y el equipo no soportó la decepción. Todavía faltaba jugar contra Japón por el bronce. El juego era en el Estadio Azteca.
Entonces apareció el japonés Kunishige Kamamoto, le anotó dos goles al Gato Vargas y ya no hubo respuesta. Japón a diferencia de México dependía de su jugador clave quien respondió como su país esperaba. Los 105 mil aficionados que llenaron el Azteca convirtieron el pasto en un mosaico de cojines.
En el vestidor ya no hubo palabras. Ignacio Trelles era el técnico de aquel equipo. Parco y serio como siempre no dijo nada a sus dirigidos. Terminado el encuentro tanto jugadores como hinchas buscaron olvidar aquel encuentro y haber finalizado el fútbol con las manos vacías.
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